Los cazafantasmas visitaron Pamplona

El pasado día 19 de Noviembre tuvo lugar un fenómeno paranormal en la ciudad del Arga: una multitud (bueno, unos centenares de personas) se concentraron frente a la sala de Exposiciones Municipal Conde de Rodezno para agitar banderas y combatir el tremendo poder maligno de unos huesos que el día 16 de Noviembre fueron sacados de los sótanos del edificio.

Sin miedo a las tinieblas de la tarde, los héroes gritaron consignas (¿exorcismos?) contra los fantasmas de esos personajes, muertos hace casi 100 años y olvidados por la inmensa mayoría de la población. En un ejercicio de valentía sin precedentes, agitaron las banderas de otros fantasmas, igual de muertos e igual de irrelevantes (y al menos igual de sanguinarios), como si fueran juguetes, reclamándose herederos sin saber de qué, y marcharon en intrépida procesión antifascista.

En serio. Antifascista. Aunque en Navarra y en Pamplona no se conozcan fascistas: a diferencia de otras ciudades, aquí hasta los “ultras” futboleros se apuntan al antifascismo como estética.

Es una pena que tanto entusiasmo y dedicación se dedique a pisotear la tumba de alguien (a quien sus numeritos seguramente importan un rábano), en lugar de a criticar la invasión rusa de Ucrania, los repetidos golpes de Estado del gobierno venezolano, las purgas antidemocráticas de Erdogán, o el estrangulamiento de la democracia de Hong Kong por los “comunistas” chinos. O a pedir a los Castro que permitan elecciones. Si quieren algo menos exótico, podrían protestar contra la campaña antidemocrática que llevó al ataque contra los guardias civiles de Alsasua hace unas semanas. Por poner.

Protestar contra lo sucedido hace ochenta años es un ejemplo máximo de pérdida de tiempo, seguido de cerca por convocar y seguir manifestaciones contra una ideología que ya ni siquiera es marginal.

Los organizadores de la manifestación lo saben de sobra. El objetivo real de la marcha no fue el exorcismo o la lucha para cambiar el pasado, sino reclamarse herederos de una idealizada república y sus izquierdas. Y por las mismas, acusar a sus rivales políticos de herederos de quienes la derribaron. Es decir, intentar transformar borrokas totalitarios e intolerantes en defensores de la democracia histórica, a ver si cuela.

Pero esa manifa no era la piedra filosofal de Harry Potter: el alcalde y sus exorcistas siguen siendo los que no condenan el asesinato de demócratas, los que acosan e insultan a sus rivales. Son lo más parecido a un fascista que queda en Navarra. Y no hay cazafantasmas que cambie eso.

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