Ponencia política de un Ciudadano de a pie

Ahora que PP y Podemos empiezan a calentar motores para sus “congresos” (Rajoy y su aclamación forzosa, la junta de franquiciados de Iglesias) se empieza también a oir hablar del congreso de Ciudadanos. Un Congreso que aspira a mucho más que los mencionados, y no sólo porque parece que habrá algo de rivalidad en personas y programas. Será un “reseteo”, casi una refundación, para actualizar un partido que se ha multiplicado por 17 en poco tiempo.

Una parte de lo que se debatirá y votará es la “ponencia política”. Qué es Ciudadanos, qué programa propone, qué quiere ser de mayor.  Aún no se han hecho públicas las posiciones de los candidatos. Y desde la completa humildad del que no pinta nada, aquí va mi punto de vista.

Para mí, Ciudadanos es sobre todo regeneracionismo. Es la versión sensata y documentada de la indignación de un país que sabe que no puede funcionar bien porque tiene termitas: castas, partidos, grupos de interés que se han acomodado dentro del sistema y lo han deformado a su medida. Y siguen ahí.

Por eso, antes que cualquier política concreta, Ciudadanos es cambiar el modo de hacer política. Cambiar los cimientos. Cambiar las leyes electorales. Independizar la justicia. Reducir los aforamientos. Aclarar la contratación pública. Domar el funcionariado. Proteger a los que denuncian irregularidades y castigar a los que las cometen y amparan. Simplificar las administraciones. Quitar privilegios a políticos, sindicatos, medios. Quitar al Estado (a todos los niveles) los medios para hacer amiguismos y tratar mejor a unos que a otros.

Una de las mayores colonias de termitas que pagamos son las taifas autonómicas, donde por un lado se repiten las redundancias y por otro se dan los medios a los separatistas para hacer ingeniería social y crearse reinos a medida. Hay que simplificar y racionalizar. Empezando por la Educación y siguiendo por la Sanidad. Respetando identidades, y respetando voluntades locales, pero siempre dentro de un marco único sensato, solidario y eficiente… y respetuoso con la ley.

Otro de los puntos clave de Ciudadanos (para mí) es enfrentarse a los separatismos sectarios. No porque sean separatistas o nacionalistas (allá cada uno con sus ideas y los votos que las respalden) sino porque son sectarios, doblando, ignorando o abusando de las leyes y los presupuestos para recrear la realidad local y adecuarla a sus sueños. Los políticos son gestores en nombre del pueblo y sujetos a la ley, no mesías llamados a transformarlo a su pesar.

La batalla contra el sectarismo (de Podemos, de los separatistas, de los que los usan) es algo que va implícito, pero de lo que me gustaría que Ciudadanos hiciera bandera. En demasiados sitios se acepta que “las cosas son como son” y pintadas, pitadas, abucheos o intimidaciones se admiten sin acción policial o judicial. Me gustaría ver a Ciudadanos insistir mucho más, actuar mucho más, contra la intolerancia. Prohibido prohibir. Lo único inaceptable es actuar como si otra persona fuera inaceptable por lo que piensa.

Todo esto es “transversal”, como les gusta decir ahora. Suficiente para un partido que no quiere gobernar, sino forzar a que se gobierne bien. Pero algunos no lo ven ya suficiente. Puede ser cierto.

Izquierda, izquierda, derecha, derecha, adelante, detrás…

Dicen que Ciudadanos nació como centro izquierda (socialdemócrata) y creció al acercarse al centro derecha (liberalismo). Lo dicen como si importara en qué parte del centro esté, cuando lo importante es crear y mantener esa coalición de centristas, de votantes razonables. Ese sentido común. Dentro de esa tienda, que tiene que ser amplia si se aspira a gobernar, tendrá que haber sensibilidades más reformadoras sociales y más liberalizadores, más centralizadoras y más localistas, y también más y menos laicistas. El centro no es un punto, es un espacio.

Ciudadanos tiene un programa electoral que es de centro izquierda, con algunos apartados bastante avanzados (laicismo de las instituciones, eutanasia, regulación de prostitución…). Combina ésto con mucho énfasis en la protección laboral (con contrato único para romper los privilegios de los contratos antiguos), complementos salariales, derechos de los autónomos, preocupación por las desigualdades (no sólo de oportunidades). Es una combinación bastante acertada del liberalismo social (Azaña no se sorprendería nada, salvo en la falta de sectarismo) con una “democracia social de mercado” o socialdemocracia de toda la vida.

Estos dos últimos años hemos visto y leído muchos profetas del liberalismo económico (no confundir con el social) predicando que el Estado debe ser mínimo y que la libertad debe ser máxima. Que donde hay Estado no pueden hacerse las cosas bien. No estoy de acuerdo: el mercado sin correcciones es inmoral e injusto, entre otras cosas porque no existe mercado perfecto ni información perfecta. El Estado es esencial: un Estado razonable, ajustado a lo mínimo necesario, pero garante de lo esencial: Justicia, orden, solidaridad, y al menos el núcleo de una Sanidad pública gratuita para todos. Los funcionarios son los custodios del orden legal y los derechos que elegimos darnos, al márgen de lo que nos den los mercados. Son esenciales, pero no todos ellos, ni con los privilegios y sueldos que tienen ahora.

España debe seguir aspirando a ser un Estado del Bienestar, con impuestos progresivos (más ganas, más pagas) donde todos los ciudadanos tengan unos mínimos derechos sociales garantizados, y la libertad de acción de las empresas siga muy atada al bien común. La liberalización debe ser una herramienta para conseguir que eso que pagamos resulte en el mejor servicio posible, pero hay cosas que no deben estar sujetas al mercado.

Y España debe seguir separando Iglesia de Estado. Pero sin astracanadas como procesiones de Solsticio de Invierno o alergia a actos tradicionales. Una cosa es que la Iglesia no mande, ni pueda evitar que el Estado haga lo que el Parlamento decida (divorcios, abortos, matrimonios gays o eutanasia) y otra que no exista ni opine. Laicismo y anticlericalismo son cosas diferentes. Un alcalde puede asistir a una misa tanto como a un bar mitzvah, y un cura le puede poner a parir con la misma legitimidad que un imám o el siguiente vecino. La educación moral de los niños la deben decidir los padres, no el Estado. El Estado no debe poner cruces en los colegios públicos, pero tampoco perseguirlas en colegios gestionados por terceros.

Tema aparte son los regionalismos y nacionalismos moderados. Una cosa es racionalizar y simplificar la administración y los recursos comunes, una cosa es luchar contra la huída hacia adelante de sectarismos independentistas, y otra es el centralismo uniformizador. España tiene mucha variedad, y eso es algo que hay que disfrutar, acomodar, cuidar. Sin caer en creerse que los idiomas o las “naciones” tienen derechos: sólo los tienen las personas. Un partido como Ciudadanos debería ser el aliado natural de los regionalismos sensatos.

Mi opinión es que con esto y sentido común se puede ir muy lejos. Si evitamos excesos de liberalismo económico mantendremos ese carácter de centro izquierda esencial. Si evitamos excesos de liberalismo social seguiremos siendo centro, y no espantaremos a los moderados de otros signos.

Pero sobre todo, creo que la parte importante de la ponencia es la otra. Es rehacer los cimientos de la casa para que las paredes puedan salir rectas. Es reformar el Estado. Es garantizar la libertad de opinión. Es combatir el sectarismo y la intimidación en todas partes. Es asegurar los mismos derechos básicos y la mejor gestión posible de los impuestos, viva uno donde viva. Es luchar para que todos seamos iguales ante la ley, opinemos lo que opinemos, gane quien gane las elecciones, y conozcamos a quien conozcamos.

¿El resto? Sentido común. Está todo inventado.

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