La ONU no es suficiente

La Organización de las Naciones Unidas se fundó como sucesora de la derribada Sociedad de Naciones, como árbitro y foro para que las potencias del mundo se entiendan y resuelvan los problemas (en lo posible) mediante acuerdos y no a tiros. Su Consejo de Seguridad era un reconocimiento de la relación de fuerzas en el mundo y un intento de contenerlas.

Con los años, la ONU ha ido evolucionando en todos los sentidos, alguno admirable. Pero lo grave es que le hemos dado un papel “ético”. La ONU define cuándo es “legítimo” imponer sanciones o ir a la guerra. La ONU define cuándo  el comportamiento de un país es criticable o no. La ONU tiene comités sobre democracia y derechos humanos y emigración y lo que uno quiera. Tiene púlpito para hablar de cualquier cosa.

Pero la ONU parte del principio de que cada país es soberano y lo que pase en su interior es esencialmente asunto suyo, de que todos son iguales (salvo los del Consejo de Seguridad y los que ponen el dinero). Pero no lo son. No es de recibo que dictadores o teocracias opinen sobre derechos humanos que ignoran sistemáticamente. No es de recibo que cleptócratas bolivarianos opinen sobre la limpieza en las elecciones de sus vecinos. No es de recibo que EEUU proteja a Israel cuando ignora la legalidad internacional (o peor), ni que los árabes lo condenen por sistema (que tampoco). No es de recibo que Assad en Siria mate impunemente y Rusia bloquee medidas serias, o que Daesh siga existiendo. No es de recibo que Putin siga amenazando y ocupando Ucrania (o Transdniestria, o Georgia). No es de recibo que China intimide a Taiwan o siga ocupando Tibet o fabrique islas artificiales en atolones reclamados por media docena de naciones. Como no era de recibo que Saddam Hussein pudiera gasear a su población kurda en paz o que Turquía ignore sus derechos.

La semana pasada, Israel recibió una condena en la ONU impulsada por democracias occidentales, además de algún enemigo tradicional. Pero se pasará la crítica por el forro, por venir de donde viene y porque puede.

La ONU tiene un papel (un papel fundamental) como foro de discusión y como forma de resolución de conflictos que podrían escalar. Pero no tiene un papel ético, no debe tenerlo. No debe ser una referencia que una democracia parlamentaria se tome en serio.

Lo que necesitamos es algo que agrupe, solamente, a países que reconozcan el derecho internacional, el Tribunal de la Haya, y la necesidad de una democracia parlamentaria con garantías constitucionales. Un Consejo Democrático que pueda hablar con autoridad moral sobre los problemas del mundo, y que además pueda “autorizar” (por mayoría de iguales) medidas con toda la potencia de las democracias, desde sanciones a apoyo humanitario, o la intervención de la OTAN. Algo que pueda admitir y expulsar miembros de acuerdo a una Carta muy clara de exigencias, como la de Community of Democracies. Algo cuyo germen podría ser ésta o alguno de los consejos de la UE, pero que tendría que extenderse de Oceanía a Africa. Algo que nos libere de la dependencia moral de la ONU, sin eliminarla.

Si la política exterior de Obama enseña algo, es que dar un paso atrás y buscar la aprobación de todos antes de actuar resulta en parálisis y daños mayores. Si la política de los años 30 enseñó algo, es que las democracias deben actuar juntas contra los que las desafían, o se arriesgan a ir cayendo por separado. Juntos, somos muchísimo más fuertes que nadie. Atados a los mecanismos de la ONU, esa fuerza no vale para nada. Perdamos la timidez.

2015demindex-pop
No somos mayoría, pero los demás no son demócratas.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s