Doce razones para quedarse

Contaba mi padre que un día volví de la guardería con una lección nueva y le pregunté “Papá, ¿tú eres catalán?” “No, hijo” “Pero yo sí soy catalán” “Sí” “¡Entonces yo soy mejor que tú porque yo soy catalán!”.

Esa historia resume muchas. Eso era Barcelona hace 40 años, cuando yo hablaba catalán. Eso es Cambrils este año. Hay quien quiere dividirnos, Cataluña. No les dejemos.

Porque somos tú, y eres España. 365.000 catalanes como yo viven en el resto de España (mucho más que en todo el resto del mundo junto), casi 2 millones de catalanes nacidos fuera viven en Cataluña (una quinta parte del total). Madrid acoge más catalanes que cualquier ciudad de Cataluña salvo Barcelona, probablemente. Del “caganet” a la mona de Pascua y el pan tumaca y las peñas del Barça, tu cultura es española y la española es tu cultura: te digan lo que te digan hablar un idioma más no te hace diferente en nada importante. Los mejores profesores de flamenco de España son de Barcelona, y las habaneras son de todas partes

Porque nuestra historia está mezclada desde que es historia, desde que el Cid combatía un mes a favor y otro en contra de los Condes de Barcelona. La historia antigua de Cataluña es la de Aragón, y Aragón hizo España; nuestra historia moderna es tan compartida que es la misma. Barcelona ha luchado por España a su manera en todas nuestras guerras civiles, carlista como Navarra. En el sitio de Barcelona que recuerdas en tu Diada había regimientos defensores catalanes, alemanes, valencianos, navarrros, castellanos, aragoneses, y apoyo balear y napolitano. Porque no fue una invasión  contra Cataluña sino el final de la resistencia carlista. No fue una guerra de independencia sino una guerra de sucesión. Y hubo catalanes en los dos bandos.

Porque quien te quiere te respeta, no te obliga a cambiar. Quien te quiere te admira como eres, variada y bilingüe, sensata y centrada. Esos que dicen que te quieren, esos nacionalistas que te intentan cambiar, recortarte, disminuirte, meterte en el molde de sus sueños tribales, no te quieren. España sí.

Porque no estás segura, y lo sabes. Cambias de opinión cada poco pero estás dividida por la mitad, y sólo las leyes electorales y la abstención hacen que a veces parezca otra cosa. No hagas algo de lo que te arrepientas mañana, no saltes sin saber a dónde, no te arrastres a ti misma a donde no sabes si quieres estar, por las razones equivocadas. No es sensato ni propio de tí.

Porque en tu casa ya mandas tú. Porque no hay régimen más autónomo que el que tú tienes, en todo el mundo. Porque las competencias que te quedan por llevar son las que no valen para aumentar tu prosperidad y tu bienestar, sino para dar más poder a cuatro políticos.

Porque esos monstruos que te han contado no existen. No necesitas a un Sant Jordi que te proteja de los franquistas. Hace 40 años que no hay ogros que te quieran quitar tu lengua y tu identidad. Eso de la “catalanofobia” es un mito para que no quieras escuchar a los demás, a los que llevan la contraria a los nacionalistas. Pero es mentira. Ahí fuera se te quiere y se te aprecia, y tenemos mucho miedo por tí. Por lo que te están haciendo.

Porque España te puede proteger de esos excesos, de los que creen que siendo apenas mayoría (o ni eso) pueden obligar a casi la mitad de la población a pasar por su aro. De los xenófobos de chiste. De los antisistema “necesarios”. De los que ven “hombres de paz” en personas que no hace tanto mataban a los que no compartían su opinión. Los nacionalistas han tomado la sociedad civil catalana y los medios locales, pero no pueden dominar todo el país. España puede proteger tus derechos, los de todos, piensen como piensen, sean nacionalistas o socialistas o republicanos o monárquicos, mejor que autoridades locales presionadas por el sectarismo.

Porque si te quieres ir, te irás. España es democrática. Si alguna vez tenemos claro que la voluntad clara y libre de la inmensa mayoría de los catalanas es irse, ¿qué crees que iba a hacer España más que preparar el camino? Pero ese día no está aquí, y lo sabes.

Porque como en casa no se está en ninguna parte. Ya te lo dijo Borrell y si quieres te lo repito: lo de los separatistas es peor que “contigo pan y cebolla”, es romper la economía catalana por la mitad para nada. Aquí tienes un sistema hecho a tu medida que defiende tus intereses frente al mundo, una union que hace mucha fuerza. Ahí fuera, a solas, no quiere estar ni Reino Unido, digan lo que digan.

Porque la crisis se acaba, la reforma está en marcha. No te hace falta huir de casa para sobrevivir, ya no se hunde. Durante mucho tiempo España ha estado mirando hacia otro lado, viendo que tus gobiernos “catalanistas moderados” te mangoneaban y te hablaban mal de nosotros. Durante mucho tiempo España no ha funcionado del todo bien (como no lo hace ningún sitio, y este es más complejo que otros) ni ha tenido claras las cuentas, incluyendo las autonómicas. Ni mucho menos tan mal como te han contado los interesados en hacerte huir del problema como sea. Pero hace ya años que eso está cambiando. No gracias a rupturistas y showmen, sino a reformistas e indignados. En esta legislatura estamos viendo cambios que mejoran la vida de los catalanes, y veremos cambios que limpien las reglas del juego. Veremos cambios que impedirán que la minoría más grande se haga pasar por la mayoría. Veremos cambios que harán imposibles saqueos como el de CiU en Cataluña o en PP en Valencia o el PSOE en Andalucía. Veremos muchos cambios que serían mejores si tus representantes participaran, en vez de jugar a “que se joda el capitán que no como rancho”, perjudicándote a tí , a todos los catalanes.

Te necesitamos para hacer España mejor. Para hacer Cataluña mejor. Queremos que seas tú misma y a tu manera, sin que nadie te imponga la visión de cómo debes ser, respetando los derechos de todos y la igualdad de todos ante la ley para que nadie te tiranice.

Somos tú, y eres nosotros. Si hemos hecho cosas mal, ayúdanos a corregirlas. Si tienes problemas, te ayudaremos. No te encierres en tu habitación, y sal a hablar con tu familia.

Nadie es mejor ni peor que nadie por ser catalán. Ni la gente ni los políticos. Quien nace catalán, en todo caso, tiene mucha suerte, una historia ligeramente distinta y (quizás) una lengua propia más. No dejes que gente como la profesora de mi guardería, xenófobos de los que te reirías si lo pensaras, te hagan pensar otra cosa. Tú eres mejor que todo eso.

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