Los titiriteros y sus muñecos

Ya desde la Revolución Francesa, y probablemente antes, no se plantea la acción política sin un medio de comunicación que la apoye. Sean pasquines o periódicos, hace falta un medio de llevar la voz del partido a los votantes.

Cuando los medios no te hacen caso, da igual lo que hagas o lo bien que lo hagas. Es inútil tener las ideas claras si no las puedes comunicar. Un caso reciente es el de UPyD. Otro es Ciudadanos en Navarra, hasta hace poco.

Las televisiones están bien, pero son un medio parasitario y con muy poca investigación. Las redes sociales están bien, pero sin un sustrato del que alimentarse (artículos que compartir, vídeos que redifundir) no funcionan. Todo el sistema se alimenta, al final, de la prensa escrita.

Los medios ya no suelen ser propiedad de un partido, pero sí tener afinidades y una línea editorial. Es parte del producto: el lector compra lo que refuerza sus prejuicios, dentro de un orden. Eso normalmente está bien, sobre todo cuando hay una cierta diversidad. La prensa está para controlar al poder, y con frecuencia la mejor oposición se hace en las redacciones.

Porque los medios no son simples correas de transmisión. Esa “agenda” puede arrastrar a lectores y votantes, a veces en direcciones discutibles. Los tabloides británicos tienen fama por su poco apego a la verdad y su capacidad para influir en elecciones y en gobiernos, pero no son los únicos. Se puede decir que El Mundo derribó a González.

La consecuencia está clara: si los medios pueden influir en votantes y gobernantes, quien pueda influir en los medios puede acumular poder. Esto ha dado abusos como los de Murdoch en Reino Unido, y ha hecho que personajes curiosos se interesen por los medios. Pero también ha hecho que los políticos se esfuercen por controlar esos mensajes.

Sumemos a esto que el negocio de la información periodística es muy poco negocio últimamente. Cada vez se venden menos suscripciones, cada vez se vende menos en los kioscos, y las subidas de precio no compensan. Para más inri, la publicidad escasea: no es que no acuda, es que se va corriendo a televisión y web (donde el contenido original se paga como las copias, es decir mal). Mientras tanto, los periodistas insisten en cobrar, y para informar en serio hacen falta unos cuantos.

El diario Liberation se hizo famoso por ser independiente, y lo era porque no aceptaba publicidad. Hoy, sin publicidad pública (incluyendo los anuncios del BOE y los boletines regionales) quedarían pocos periódicos impresos. Y sin las suscripciones de entidades públicas, aún menos. Las tiradas de casi todos los diarios nacionales son insuficientes para sostener sus costes sin muletas (ninguno llega a 100.000 ejemplares), y hay dos casos (La Razón y La Vanguardia) que destacan por su vulnerabilidad y dependencia. Hay otros, como el Diario de Noticias en Navarra, que no les van mucho a la zaga.

Cuando un medio depende de las instituciones, depende de los partidos en el poder. O bien hace la rosca a los que mandan para sobrevivir, o hace todo lo posible por sustituirlos por alguien que colabore. Cuando un medio tiene tamaño suficiente, puede marcar la agenda política y conseguir un trato amable de las instituciones.

Por eso los medios hacen todo lo posible por agruparse, por conseguir el volumen suficiente para no ser juguete de políticos. Algunos van tan lejos que acumulan  canales de televisión y periódicos, por no hablar de radios, adquieren la capacidad de marcar el mensaje, y se convierten en necesarios para los partidos en el poder. Es lo que hizo en su día el Grupo PRISA e intentó hacer Prensa Española. Es lo que ha llevado al extremo el Grupo Planeta con A3Media, cuyos magníficos profesionales se han convertido en herramientas en un juego que va más allá de la facturación publicitaria y la audiencia.

Como se ha visto a raíz del escándalo del expresidente de la Comunidad de Madrid, los lazos que han unido a La Razón con el Canal de Isabel II y con los acusados de corrupción han sido mucho más que estrechos. Aunque la actual presidenta, Cristina Cifuentes, haya dicho no sentirse intimidada, las grabaciones de amenazas de movilizar al grupo en contra suya no son una broma. No queda claro (aún) hasta qué punto Mauricio Casals (a los efectos, cabeza editorial de Planeta y A3Media) es titiritero por cuenta propia, por cuenta de su grupo, o marioneta del PP de Madrid. Pero queda claro que el mayor grupo de comunicación de España está mucho más implicado de la cuenta en la corrupción política que ha marcado este país.

Lo que está claro es que si España quiere tener una democracia que merezca ese nombre tiene que cortar las correas que ponen a los medios en manos de los políticos. Tiene que eliminar las suscripciones pagadas por las instituciones (con excepciones contadas). Tiene que regular mejor la publicidad institucional (incluyendo los anuncios de los Boletines Oficiales) y abrirla a medios digitales. Tiene que garantizar una transparencia radical en lo que cada medio cobra de cada administración directa e indirectamente.

Y sobre todo tiene que asegurarse de que ninguna empresa es capaz de conseguir, por acumulación de canales (o de cabeceras) más del 20% del mercado, ya sea en prensa, radio o televisión. Si pueden hacerlo con uno solo, magnífico. Si lo están haciendo a base de compras, su objetivo no es mejorar legítimamente la rentabilidad del negocio, y están creando algo que puede distorsionar la democracia.

Antes o después, alguien tiene que hacerlo. Pero, habiendo creado por concesión pública un gato del calibre de A3Media, a ver ahora quién le pone el cascabel.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s